ACTOS VOLUNTARIOS
I
Libros
Sangrientos
Lunes 9 de julio de 2007, 4:00 p.m. En la ciudad volvió a nevar
después de casi un siglo, el caprichoso designio de la naturaleza
transformó el frío animo de la gente, ésta pobló calles y plazas
con cámaras en las manos, festejando el natural fenómeno. Mientras
tanto, no muy lejos de allí en un terreno baldío, un cuerpo,
inerte, era arrastrado sobre el montículo de nieve que empezaba a
acumularse sobre el césped, dejando tras de si una estela de color
rojo, contrastando con el blanco paisaje.
Viernes 6 de julio, 9:00 a.m. Erica llega con el tiempo justo a su
lugar de trabajo en un local ubicado en una moderna galería de
compras del conurbano bonaerense. Ella tiene veintidós años e
irradia frescura por cada uno de los poros de su esbelta figura,
posee un rostro anguloso, ojos color miel, su largo cabello lacio se
encuentra recogido en un rodete. Espera con ansias el día lunes, es
su día de descanso y ella lo aprovecha para estudiar pues se
encuentra en períodos de exámenes, está cursando el Profesorado de
Historia en la Universidad Nacional del Conurbano. Mientras acomoda
el mostrador del local es observada por un joven, él anota algo en
una libreta, se acomoda su bufanda roja y se marcha. Paula trabaja en
el local contiguo, su amplia cabellera enrulada y cobriza enmarca su
cara redonda y blanca, se arrima a la puerta y comenta:
-¿Quién era ese chico hermoso que te miraba?
-¿Qué chico? No vi a nadie-. Responde Erica sorprendida.
-Dale, hacete la tonta, jaja-. Paula no había visto que el joven en
cuestión en realidad estaba espiando a Erica y tomaba apuntes en su
libreta. En ese momento entra un cliente al local de Paula y se
apresura para atenderlo, Erica se queda observando el pasillo central
imaginándose al ignoto caballero y no sabe porque, un frío recorre
su espalda.
Viernes 4:30 p.m. Erica se dirige hacia la parada del colectivo
que la llevará hasta su casa. El viento del invierno golpea en su
rostro, debe atravesar la playa de estacionamiento la cuál tiene
pocos vehículos, se da vuelta y observa que la garita de vigilancia
está vacía, en ese momento recuerda que Pedro, tal el nombre del
guardia, no había pasado por el local a saludarla, como todos los
días lo hacía con cada uno de los empleados de ese sector de la
galería.
Viernes 2:30 p.m. Pedro llega a la zona de vestidores para ponerse
su uniforme, en ese instante un joven se presenta como oficial de
policía y muestra su placa al guardia.
-¡Buenas tardes! Soy el teniente Lugo ¿Podría hacerle unas
preguntas?
-¡Buenas! Pedro Ramírez, vigilancia, pregunte nomás-. Dijo el
guardia, moviendo el brazo hacia si.
-¿Notó algún comportamiento extraño en la joven que atiende el
local de canje de premios? La señorita…-el policía buscaba su
nombre en una libreta.
-¿Erica Bauman dice usted? ¡No, que va! Esa chica es más buena que
Lassie.
-Gracias, es lo que quería saber-.Dijo el oficial y se dio vuelta
para sacar algo de su maletín. Aquellas fueron las últimas palabras
que escuchó Pedro, una flecha arrojada por una ballesta se le clava
en la garganta y no puede emitir sonido alguno, solo un oscuro
gorgoteo de sangre. Una nueva flecha traspasa su hombro izquierdo y
clava a este contra el anaquel de madera que se encontraba a su
espalda, con la mano derecha intenta sacarse el proyectil y otra
nueva punta de acero se clava a la altura de su brazo derecho dejando
al infortunado guardia con su cuerpo clavado contra la madera, el
terror invade sus ojos, con pasmosa paciencia el agresor apunta su
arma y con asombrosa precisión una flecha atraviesa el corazón de
Pedro. El asesino se acerca a su víctima cuidándose de no pisar la
sangre y arranca las cuatro flechas del cuerpo inerte, este se
desploma pesadamente, golpea las varillas mortales contra el piso
para sacarles los pocos restos de carne adheridos a ellas y luego las
limpia en el pantalón del guardia, y las guarda en una bolsa de
plástico, depositando todo su arsenal en un maletín. El fatal
encuentro solo duró cinco minutos.
Viernes 5:00 p.m. Erica decide ir a la Universidad donde cursaba
el profesorado, quería estudiar un par de horas con absoluta
tranquilidad en la biblioteca, ésta se encontraba a unos cien
metros de la entrada al campus, un poco más allá del módulo uno,
el establecimiento se encontraba dividido en siete módulos. Al pasar
por el primero se acuerda de retirar un certificado de examen por la
oficina de alumnos. Ella conoce a Sergio, uno de los jóvenes que
atienden en dicha oficina.
-¿Qué tal Erica? Hoy anduvo tu novio preguntando por vos.
-¿Mi novio?- Dijo Erica asombrada, Sergio no conocía a Mariano y
este se encontraba visitando a sus padres en San Pedro, una ciudad
del interior de la provincia de Buenos Aires, además se encontraban
un poco distanciados-¿Y qué quería?- pregunto la joven
distraídamente.
-Si te había visto por acá, yo le dije que no, además le comenté
que te estarías preparando para el examen de la semana próxima-,
comento el joven.
“¿Quién carajo sos vos para andar diciendo lo que voy a hacer al
primero que te pregunte?” pensaba Erica.
-Gracias por avisar, ahora lo llamo-. La joven giró sobre sus
talones y se dirigió a la biblioteca mientras pensaba en lo
sucedido “a la mañana alguien me observa en el local y ahora un
¿falso? novio, día raro hoy.”
Entró en la biblioteca y revisó si tenía su tarjeta
identificatoria que le permitía retirar libros. La cantidad y
calidad de los mismos era bien conocida en el ambiente académico. El
edificio constaba de dos plantas de mil ochocientos metros cuadrados
cada una y un subsuelo. La mitad de la planta baja se encontraba
ocupada por estantes con libros. En ella se encontraba la recepción,
sala de computadoras, videoteca, también los armarios para dejar
bolsos, carteras y mochilas. La planta superior, al igual que el
subsuelo, estaba dividida entre mesas de lectura y estantes de
libros. Pidió un libro que trataba la esclavitud en la antigüedad,
se encontraba en la planta alta, al sentarse para leer, pudo observar
que desde el fondo de la sala se aproximaba un joven el cual se
acomodaba la campera y la bufanda roja que le cubría parte del
rostro, pasó por detrás de la joven y se marchó. Erica pudo
percibir el olor a humedad que dejo el hombre al pasar. Pasaron dos
horas y la joven decidió marcharse. Al salir estaba por dirigirse
hacia la izquierda, pero ese camino la llevaba a un pasillo que se
asemejaba a un túnel, el cual se comunicaba con otras aulas y su
salida estaba próxima al tercer módulo, a ella le producía pánico,
dudó un instante y lo cruzó a la carrera y se dirigió al bar que
se encontraba en la entrada del predio, frente a la sala de
seguridad.
Viernes 9:00 p.m. El timbre en su celular sobresaltó a Erica que
salía de darse una ducha, la joven se sentía relajada. La que
llamaba era Paula.
-¿Dónde estabas? Tenías el celu apagado.
-Si, lo apagué cuando entré a la biblioteca y me olvidé, lo prendí
recién ¿Qué precisabas?
-¡No sabes boluda lo que pasó!-exclamó la amiga desde el otro lado
de la línea.
-Te enganchó tu novio ¡Con otro!
-No tonta, caete de culo, lo encontraron a Pedro, el guardia, en
donde se cambian ellos ¡Muerto!
-Noo ¿Fue un ataque?
-Ojalá, fue un asesinato, tenía cuatro agujeros, no se sabe si
fueron balazos o que-. Del otro lado de la línea Erica se quedó
perpleja, con la boca abierta, no lo podía creer- Nadie vio nada, no
sabes el quilombo que era la galería, bueno mañana nos vemos, chau.
-Besos-. Erica tragó saliva y se recostó en su cama, miraba el
techo como buscando una respuesta a la única pregunta que se le
ocurría “¿Por qué?”.
A esa misma hora en el otro extremo de la ciudad, Sergio caminaba
rumbo a su casa pensaba en Erica “ella se sorprendió cuando le
dije lo del novio, para mi que nunca se imaginó que la iría a
buscar a la Universidad, que lomo que tiene la guacha, y esos ojazos
claros me matan”. Al dar la vuelta en la esquina se sobresaltó,
desde atrás de un árbol surgió una figura masculina, llevaba un
maletín, tenía puesta una campera oscura y una bufanda roja, Sergio
lo conocía, lo había visto a la tarde en la oficina de estudiantes.
-Hola ¿Cómo andas, vivís por acá vos? ¿O te trajo el frío?
Jaja.
-Simplemente no me gusta dejar cabos sueltos-. Contestó el
misterioso joven, apoyó el maletín en el piso y lo abrió.
Rápidamente apunto a Sergio con una ballesta.
-¿Qué te pasa loco?
-A mi nada, a vos te va a pasar-. Acto seguido disparó. La flecha se
le clavó a Sergio en la boca abierta, dio dos pasos hacia atrás
tratando de sacarse el proyectil y otro se le clavó en los
testículos y un tercero le perforó el corazón. El asesino
pacientemente retiró las flechas del cuerpo y las metió en una
bolsa de plástico y se alejó del lugar. Unos perros ladraban como
únicos testigos.
Sábado 7 de julio, 9:00 a.m. Paula le narró a Erica con lujo de
detalles lo sucedido el día anterior. También dijo que un policía
contó que hace dos años ellos tuvieron que investigar tres
homicidios parecidos, pero aquella vez las víctimas habían sido
mujeres de buena posición económica y que antes de matarlas, el
asesino mantuvo relaciones sexuales con dos de ellas, en ambos no
pudo encontrarse restos de semen, habría usado preservativo. Esto no
impidió encontrar el ADN del criminal, se lo encontró debajo de las
uñas de una de ellas y en cabellos encontrados en la escena de los
otros dos crímenes, a la tercera la torturó antes de acabar con su
vida. El crimen del guardia fue el comentario obligado de la galería
comercial.
Por la tarde luego que Erica se retirara, en el local donde
trabaja Paula entró un joven preguntando por aquella, dijo que eran
compañeros de estudios y se le había hecho tarde, tenían que
reunirse para preparar un examen. Paula estaba segura que había
visto al joven pero no se acordaba donde.
-¿No te conozco de algún lado?
-No, no creo-. Contestó el joven, algo inquieto por la pregunta-.
Es la primera vez que vengo por acá y con Erica nunca te vi, y no
sos una mujer fácil de olvidar-. Paula pasó por alto el halago.
-Se fue a la casa-. Respondió la joven con la mejor de las sonrisas,
y pensaba “que rico caramelo”.
-Me gustaría verte de nuevo-, dijo el joven,-pero sin tanto apuro,
no se, podríamos charlar, tomar algo.
-Si es para charlar nada más, bueno, sabes donde
encontrarme-respondió Paula mirándolo fijamente.
-Si, te prometo que nos volveremos a ver-. Dicho esto el joven dio
media vuelta y se marchó.
Cuando salía del local miró hacia ambos lados del pasillo y no vio
a nadie. A él lo pudo observar Roberto, el guardia que cubría el
puesto del fallecido Pedro luego de su muerte, al cual le pareció
sospechosa la actitud, en la galería comercial se realizaba una
ronda cada hora.
Sábado 7:00 p.m. Erica está a punto de ingresar a su hogar,
cuando desde un auto le hacen señas para que se detenga un instante.
Era un hombre de unos cincuenta años, Javier Bengoechea, viudo,
teniente de la policía de la provincia de Buenos Aires, de la
Brigada de Investigaciones, dependiente del juzgado de San Isidro,
bastante locuaz, pero parco con los periodistas, sigue creyendo que
por culpa de estos mataron a su esposa. Se acerca con paso ágil a la
joven.
-¡Buenas noches! Soy el Teniente Bengoechea de la policía de la
provincia, investigo las muertes de Pedro Ramírez y Sergio Lencina,
podría hacerle unas preguntas, ¿Usted es Erica Bauman, verdad?
-Eh… si, está bien, a Pedro lo conozco… conocía, si, mi amiga
Paula me comentó algo, pero al otro… no se quien es-. Respondió
la joven un poco confundida.
-Sergio Lencina trabajaba en la oficina de estudiantes de la
Universidad.
-¡Sergio! pero… ¡Está muerto! No, no puede ser, si yo estuve
ayer con él en la oficina.
-Justamente, como se que fue a la Universidad, y ahora me informa que
habló con él, quería saber si lo noto algo nervioso, si le comento
algo que lo inquietaba, bah esto se lo pregunté a todos los que
hablaron con el ayer.
-No, para nada, me extrañé yo que me dijera que mi novio anduvo
buscándome, él no lo conoce…eh conocía, además mi novio se
encuentra en casa de sus padres, en San Pedro. Erica le contó como
al pasar al oficial, que la mañana anterior supuestamente había
estado siendo observada-¡Qué tremendo! Dos personas que conozco se
mueren en menos de veinticuatro horas. Al oír esto el Teniente se
asombró y se lo dijo a la joven.
-¡Qué raro! Usted es la única persona que conocía a las dos
víctimas.
-¿Qué quiere decir?
-Que usted las conocía, eso, tal vez podría ser un vínculo-. “Y
también sospechosa”, pensaba el oficial.- Hasta ahora de todas las
entrevistas no obtuve nada claro, con usted es distinto-. Mientras
decía estas palabras, observaba la reacción de la joven, esta solo
transmitía confusión.
-¿Querés pasar? Está mi mamá, por ahí te puede ayudar en algo,
ella fue atacada por un loco hace unos años, no se… digo-. La
joven no salía de su asombro.
Entraron a la casa, por la vereda de enfrente pasaba un joven
caminando, la campera oscura se ondeaba con los pasos junto a su
bufanda roja, con la mano derecha aferraba un maletín grande. El
hombre se detuvo un instante, sin ser visto, observó a la pareja que
ingresaba al domicilio, hizo un gesto de negación con la cabeza y
siguió su marcha.
Alicia, la madre de Erica, es una mujer de cuarenta y siete años
de edad, saludó al oficial de policía y sirvió unos cafés.
Bengoechea estaba intrigado por el ataque del loco que le había
contado Erica. La madre de ésta narró por enésima vez aquel feroz
encuentro con el loco Tomás, un asesino y violador, supuestamente
ajusticiado por los vecinos, incendiando su casa. Nunca se encontró
el cuerpo, pero oficialmente se lo dio por muerto. Cinco años más
tarde, luego de unas muertes extrañas, Alicia fue atacada por esta
bestia y ella logró darle muerte, como triste recuerdo le quedó una
pierna coja y media oreja seccionada. Tras veinticinco años todavía
siente escalofríos al contar los sucesos. Bengoechea había leído
los archivos referentes a esa historia, nunca se imaginó oír el
relato en primera persona de la heroína de aquella noche. El oficial
comentó que se pudo establecer con veracidad que el verdadero
nombre era Adolf Reichteig hijo de un militar de la SS, fanático de
Hitler, que se había escapado hacia la Argentina. Una de las mujeres
violadas por el loco Tomás, Laura Villalba, quedó embarazada y tuvo
un hijo, pero no soportó semejante golpe emocional por lo que
terminó suicidándose. La abuela se hizo cargo de la criatura y se
mudó a la provincia de Entre Ríos sin saber la verdad, según
dichos de una amiga de Laura que no tuvo más noticias de ellos. Al
terminar el policía de relatar la historia de Tomás, recordó lo
que Erica le había contado y le preguntó.
-¿Vos dijiste que te habían observado? ¿Viste quién era?- Antes
que la joven respondiera puso al tanto de la situación a la madre
que miraba atónita a ambos y no pudo evitar que un escalofrío
recorriera su espalda.
Erica le dijo que no había visto a la persona, su amiga del local
vecino, Paula, fue quien le avisó, y según ella era “un chico
hermoso”.
-También preguntaron por vos en la Universidad y que alguien se hizo
pasar por tu novio, bah, que era imposible que fuera él porque se
encuentra en el interior ¿Hablaste con él?
-¡No, que estúpida, ni se me ocurrió!
-Te sugiero que lo llames, pero no lo alarmes-. El oficial anotó
algo en su libreta e hizo un llamado, espero a que Erica terminara de
hablar con su novio, que al parecer seguía en casa de sus padres.
-Definitivamente alguien se hizo pasar por Mariano ¡Hijo de puta!-
Gritó Laura-Y seguro que fue el mismo que mató a Sergio…y a Pedro
¿Y qué? ¿Me está buscando? ¿Para qué? ¡Qué hice!
-¡Por favor Erica necesito que te calmes!-. Le ordenó
Bengoechea-Dame el teléfono y si sabes la dirección del domicilio
de tu amiga Paula, para saber más de ese muchacho que según ella te
observaba.
La joven intento comunicarse con su amiga, pero fue imposible,
tenía el celular apagado. El oficial le entregó su tarjeta a la
joven y comentó que el día siguiente tendría en parte los
resultados de las autopsias y que ya pidió al juzgado una custodia
para la casa y para la joven. Saludó a las mujeres y se retiró.
Sábado 10:00 p.m. Paula estaba por cerrar el local cuando entró
el joven que había estado por la tarde, a ella le seguía resultando
una cara conocida.
-¿Ya estudiaron con Erica?- Preguntó asombrada al joven.
-Nos pasamos unos apuntes, tengo que hacer un trabajo que no puedo
postergar.
-¿Qué acá en el local?-Dijo la joven con cara de no creerle.
-No, en una oficina en el centro de la ciudad, reparo computadoras,
¿Vos no viste un celular azul? Pensé que por ahí lo había dejado
hoy cuando anduve más temprano, en el tengo el numero del sereno,
así me deja pasar a trabajar.
-No la verdad que no vi nada, en casa tengo una compu que no funciona
¿No te sobra un tiempito?- Preguntó Paula mientras miraba
provocativamente al joven.-Disculpa no se tu nombre, yo me llamo
Paula ¿Y vos?
-Gustavo, un gusto, y la verdad le puedo dedicar un par de horas a tu
compu-. Dijo el joven mirando a Paula de pies a cabeza-Pero no tengo
auto ¿No te molesta?
-Pedimos un remise-. Dijo la joven mientras se acomodaba el cabello.
Ambos salieron del local, ella apagó su teléfono celular.
La pareja ingresó al domicilio de Paula, y sin perder un instante
comenzaron a desnudarse y besarse desesperadamente. A ella le provocó
cierto rechazo el olor a humedad que salía de la ropa del joven,
pero pronto se olvidó y se entregó al placer, sus manos buscaron el
miembro de él, este le arrancó la ropa interior de un manotazo, y
acarició con frenesí los pechos de Paula.
-¡Cómo me calentas guacho!- Le susurró Paula al oído, mientras le
mordía el lóbulo de la oreja.
Esto produjo en el joven una fuerte excitación, Paula lo notó y su
boca saboreo el sexo de Gustavo. Este se controló mentalmente y
empujo suavemente a Paula hacia atrás, ella entendió el gesto y se
recostó en la cama.
-¡Por favor decime que tenes forros!- Le dijo en tono de súplica y
ansiedad.
-En la valija-. Gustavo se agachó y abrió su maletín.
-¡Dale turro cogeme!- Gritó Paula mientras se acariciaba.
-¡Sos puta igual que todas!- Dijo el joven mientras apuntaba con su
ballesta a la joven.
La primera flecha se clavó en la boca de Paula, que no pudo
gritar, los borbotones de sangre se lo impidieron y los mismos
mancharon su rostro. El segundo proyectil desgarró la vagina de la
joven, cuyo cuerpo comenzaba a sufrir los estertores de la muerte. La
tercera flecha le perforó el corazón.
El asesino se vistió tranquilamente, luego se colocó unos guantes
de látex y retiró con cuidado las flechas del cuerpo de la joven,
las guardó en el maletín y limpió los muebles y luego el picaporte
al retirase.
Domingo 8 de julio, 9:00 a.m. Erica se asombró que Paula no fuera a
trabajar, “salvo que haya cambiado el franco”, pensó la joven.
Habían pasado dos horas y Erica intentó comunicarse con su amiga y
no obtuvo respuesta, el celular continuaba apagado. Ese día domingo
estuvo todo el centro comercial intransitable, la cantidad de gente
fue abrumadora. Cuando estaba por terminar su jornada, Erica cayó en
la cuenta de que el día se le había pasado rápidamente. A su local
ingresó el encargado del local vecino, donde trabajaba Paula.
-¿Che no sabes que le pasó a tu amiga?- Dijo el hombre haciendo un
gesto uniendo la punta de los dedos de su mano y moviéndola de
arriba hacia abajo-. Ni siquiera contestó el celular.
-No, la verdad pensé que había cambiado el franco, también intente
comunicarme con ella y me fue imposible. ¿Qué raro no?
-Si, ella siempre avisa-, dijo el encargado y retornó a su local.
A punto de marcharse y aún sin noticias de su amiga, Erica no dudó
y llamó al teniente.
-Mi amiga Paula no vino a trabajar, y su celular sigue apagado,
¡Tengo miedo!- comentó la joven desesperadamente.
-Tranquila, ya salgo para el local-, respondió el policía tratando
de calmar a Erica.
Ni bien llegó, comenzó a ordenar una serie de actividades, mandó a
buscar al guardia de la tarde y le pidió la dirección del domicilio
de Paula al encargado del local, este le comentó que la joven el día
anterior se retiró a las 22hs. Bengoechea pensaba que en la hora de
cierre, alguien tuvo que haber visto a la joven, el oficial tenía un
mal presentimiento y se comunicó con el fiscal Molina, para que este
cursara una orden de allanamiento para el domicilio de la joven
desaparecida.
-¡Vasco! ¿Vos crees que el loco atacó de nuevo? ah, otra cosa, lo
que mató a las víctimas anteriores no fue un arma de fuego-dijo el
fiscal en tono esperanzador-¿Qué opinas si te digo que el forense
se inclina por algo metálico? una vara o algo parecido, una pequeña
flecha tal vez. Quedate tranqui, ya llamo al juez por la orden, nos
vemos ahí.
Mientras terminaba la charla el policía vio entrar al guardia.
-¡Buenas tardes! soy Roberto- dijo el hombre con respeto.
-¡Buenas, teniente Bengoechea! dígame ¿No vio algo raro ayer?- le
preguntó el oficial señalándose los ojos y la cabeza como
indicando que pensara-¿Si la señorita Paula salió acompañada?
-Bueno a Paula no la vi salir, pero muchas veces se mezclan los
empleados con el público en la hora de cierre-, dijo rápidamente el
guardia y miraba cabía el techo como buscando imágenes que le
recuerden algo, y sus ojos brillaron junto a una pequeña sonrisa- Ah
si, por la tarde salió un joven de acá del local, que miraba hacia
todos lados como para saber si alguien lo observaba, y si, yo lo vi,
pero el a mi no me vio.
-Y dígame ¿Por casualidad ese joven era rubio?
-Si era rubio y tenía una bufanda roja, si si, de eso estoy seguro.
-Bien, gracias. Tal vez será usted llamado para ver si encuentra al
sospechoso entre las fotos de archivo que tenemos, y si no ayudará a
crear un identikit.
-No hay problema, me acuerdo bien la cara del gringo-. Dijo el
guardia señalándose la cabeza con su dedo índice.
Bengoechea se percató que Erica se retiraba y la acompaño. Le
comentó lo hablado con Roberto, el guardia e invito a la joven a que
lo acompañe al sector de remises, quería hacer unas preguntas por
allí.
Domingo 6:00 a.m. Gustavo se coloca unos guantes negros de cuero y
acelera el paso. El joven retornó a la agencia de remises, la misma
que durante el día tiene apostados vehículos en la galería
comercial. Buscó al chofer que lo había llevado junto a Paula, este
estaba estacionando su auto, Gustavo le pidió hacer un viaje a la
ciudad de Buenos Aires, el hombre lo reconoció y le dijo que estaba
bien, que subiera mientras el iba al baño. Al salir comentó al
coordinador que hacía un viaje a la capital y se retiraba a su casa,
al llegar a destino le diría el importe por radio. Habían pasado
quince minutos de viaje, el joven abre su maletín y sin que el chofer lo
advirtiera, prepara su arma, se encontraba en el asiento trasero.
Hace detener el vehículo en una esquina semi oscura, fingiendo
reconocer una dirección. El conductor se voltea como para
preguntarle algo y recibe el proyectil en la garganta, en la
desesperación por sacarse el frío metal, el hombre acciona la
bocina, el asesino sobresaltado sale urgentemente del vehículo y
abre la puerta delantera del lado derecho y dispara un nuevo proyectil que se clava en
el lado derecho del tórax del conductor. Las luces se encienden en
algunas viviendas y el joven huye, sorprendido por el desenlace de su
obra, dejando las flechas en el cuerpo de la víctima. La bocina
sigue sonando, un vecino mira por la ventana y ve un cuerpo en el
interior del automóvil apoyado en el volante, y la puerta del lado
contrario abierta, no lo duda y llama a la policía.
Domingo 5:00 p.m. La agencia de remises estaba convulsionada, el
teniente averigua que sucedió y le informan del asesinato de un
remisero, y según dichos de un chofer, “al parecer fue un loco con
arco y flecha”. El policía, al oír los comentarios, se imagina lo
peor. Habla con el oficial Gutiérrez, que era la custodia de Erica y
le dice que abra los ojos, a la joven le pide que se dirija
directamente a su casa, el oficial la llevaría.
-¿No vamos a ir a la casa de Paula?-preguntó la joven algo
asombrada.
-No, voy yo solo, allá me estará esperando el fiscal y no quiero
exponerla a nada-. Miró a la custodia y le ordenó que se marchen.
Acto seguido se comunicó con Molina y le preguntó si sabía algo de
un remisero asesinado.
-Mira yo no se nada, me voy a comunicar con mi colega de San Martín
a ver si sabe algo. Ya estoy muy cerca al domicilio que me dijiste,
te espero así ingresamos juntos.
-Ya salgo para allá, estaré en quince minutos aproximadamente.
Domingo 6:00 p.m. La patada del policía fue certera, la puerta se
abrió de par en par, nadie había respondido al llamado.
-¡No toquen nada!-, gritó el fiscal.
-Por acá todo en orden, revisemos el dormitorio-. Dijo Bengoechea-
¡La puta madre! llamá a la científica-ordenó el teniente.
-¡Qué hijo de puta! ¿Qué pensás vasco?-dijo el fiscal agarrándose
la frente con la palma de la mano-no parecen balazos y salvo la cama,
esta todo en orden.
-Y si, es así nomás como informó el forense-, dijo el teniente,
moviendo negativamente la cabeza- al remisero que te comente, según
los dichos de sus compañeros, lo mataron a flechazos. Esto si que se
volvió tremendo ¡Qué lo parió!
-¿No es demasiado trabajo andar con arco y flechas?
-Capaz que es una ballesta, venía pensando en lo que me habías
dicho, es más cómoda, certera y silenciosa. O a lo mejor es un
invento casero, que se yo.
En ese momento, Molina recibe una llamada de un fiscal del juzgado de
San Martín.
-¡Gracias viejo! Pasame todo el informe…te tengo al tanto…un
abrazo.
-¿Es el mismo no?-, preguntó el teniente.
-El muerto estaba dentro del auto, el asesino dejó las flechas en el
cuerpo, una en la garganta y otra en el pulmón derecho.
-El primer error, espero que no sea el único-. Comentó Bengoechea
mientras observaba el cuerpo de la joven asesinada.
Mientras esperaban a los peritos policiales, ambos se pusieron de
acuerdo en los pasos a seguir. Se informaría que el remisero murió
por efectos de las heridas causadas por varas de hierro. Se ocultará
la existencia de flechas y la relación entre las muertes y se
tendría sumo cuidado en que no se filtre información para la
prensa. También se entrevistará urgentemente al vigilador que vio
al sospechoso.
Bengoechea llegó a la casa de Erica y la puso al tanto de la
situación, la joven no realizó ninguna escena de nervios. Ella se
había estado imaginando y preparando para recibir la peor noticia.
Mientras tanto Alicia abrazó a su hija y luego, secándose las
lágrimas, se dirigió a la cocina a servir café.
-Mientras venía para acá se me ocurrió algo, espero que lo tomes a
bien, es para tu seguridad-. Dijo el teniente.
-Vos sos el experto.
-Tomá, vas a usar este chaleco antibalas, hace frío y la ropa lo va
a disimular-. Comentó el policía a la joven e indicaba como
colocarse el chaleco,-También a partir de mañana, luego de que le
coloquen un refuerzo, vas a usar un cuello ortopédico-. Dijo
Bengoechea mientras miraba a los ojos de Erica,-suena a desesperación
¿No?
-Lo del chaleco lo entiendo pero ¿El cuello?
-Aparentemente el loco ataca con una ballesta y todas las víctimas
tenían heridas en la garganta, se supone que es para que no griten-,
dijo el oficial haciendo ademanes con las manos-. Para usted también
hay uno-, comentó y mostró un chaleco para Alicia.
Lunes 9 de julio, 11:00 a.m. Roberto, el guardia, no encuentra
ninguna foto del sospechoso en el archivo de la policía, entonces
ofrece los datos para confeccionar el identikit del mismo.
-¡Ajá! Está igualito el gringo, taría bueno en colores che, si
si-. Comentaba asombrado el guardia.
El teniente lo felicitó por la memoria y le dio su tarjeta.
Afuera, el invierno se hace sentir con todo su rigor; empieza a nevar
en la ciudad.
Lunes 3:30 p.m. Roberto hace una hora que comenzó a trabajar,
pero siente todo su cuerpo dolorido y con síntoma de fiebre. El
guardia saliente, que todavía se encontraba en el lugar, le dice que
se retire a su casa, que él sigue hasta que llegue el suplente pues
al verlo tan mal a Roberto ya había hablado con la base para que lo
envíen. Al retirarse el hombre enfermo pudo ver caminando por el
centro comercial a Gustavo, este se dio cuenta que el guardia lo
observaba con interés, por instinto aferró el maletín que llevaba
con él, entro en un local de ropa informal desde donde podía ver al
uniformado, este efectuó un llamado con su celular y se dirigió a
buscar un automóvil que lo acercara a su hogar. Gustavo intuyo que
algo no andaba bien y con maestría robó un vehiculo del
estacionamiento y se adelantó al auto de alquiler y lo esperó en la
esquina siguiente, cuando pasó el remis, el asesino lo siguió. El
guardia descendió dos cuadras antes de su casa, quería comprar un
analgésico en la farmacia. Después de realizar la compra se dirigió
a su domicilio, a una cuadra del mismo se encuentra un terreno baldío
al llegar allí oye que lo llaman desde un auto, al ver quien era se
sorprendió. La flecha se le incrustó en la garganta e hizo
trastabillar al hombre que cayo de espaldas en el suelo, que ya
presentaba rastros de nieve acumulada. Rápidamente el criminal se
arrimó al cuerpo del infortunado Roberto, el siguiente proyectil
desgarró su corazón. Haciendo un esfuerzo el asesino arrastró el
cuerpo inerte hacia el fondo del terreno dejando un rastro de sangre
que teñía la nieve. Prácticamente arrancó las flechas del cuerpo
y huyó del lugar.
Lunes, 4:30 p.m. Bengoechea llega a la galería comercial, se fija
en los locales próximos al de Erica y pregunta por el sujeto del
identikit, que gracias a las bondades de la tecnología ahora tiene
color. Una señora dijo que había visto alguien muy parecido en el
local de ropa informal cerca de la salida Oeste que linda con los
estacionamientos de ese sector. En dicho local le informan que no
había realizado compras, y que estaba como observando la salida, eso
habría ocurrido hace unos treinta minutos aproximadamente. El
teniente recordó que fue más o menos cuando lo llamó Roberto y que
fue él quien le sugirió que se marchara a su casa, en el estado que
se encontraba no era justo que se quedara aguardando. En la agencia
de remises, que conocían al hombre de seguridad, comentaron que fue
llevado a su casa. En ese momento alguien comenta que un auto fue
robado del estacionamiento de la galería. El oficial no lo dudó y
junto a dos policías que lo habían acompañado se dirigieron al
domicilio del guardia y por radio pasaron los datos del auto robado.
Lunes, 6:00 p.m. El cuerpo del infortunado guardia es encontrado y
rápidamente se comunica con la policía científica, el teniente
llama a Molina, le narra lo sucedido y le informa que dos oficiales
se quedan aguardando en el lugar, él se dirige al domicilio de
Erica.
-¡Qué hijo de puta! estuvo así de caer- maldecía la joven que no
salía de su asombro, mientras observaba el dibujo del sospechoso, a
esta altura culpable, -Me resulta conocido, yo lo vi, en algún lado
pero no en el local- comentó la joven.
-De todas maneras ya informé a tu custodia, que se encuentre alerta,
y ante cualquier sospecha que me llame.
-¡Gracias!- dijo Alicia, la madre estaba consternada por lo
sucedido.
Martes 10 de julio, 10:00 a.m. El campus universitario se
encuentra con un manto blanco, al igual que algunos árboles que lo
rodean. Erica ese día trabajaba por la tarde, había cambiado el
turno con una compañera que lo necesitaba y ella aprovechó para ir
a la biblioteca de la institución, tenía que devolver unos
ejemplares. El custodio se quedó en el buffet, desde donde
controlaba si entraba alguien sospechoso. Erica le había informado
que no había por que temer, se encontraban algunos estudiantes
haciendo fila para retirar o devolver libros. Del baño de hombres
sale Gustavo, se había cortado el cabello y se lo había teñido,
llevaba puesto un gorro de lana, común de color negro, se paró en
la fila detrás de la joven, a esperar su turno. Mientras esperaba,
Erica percibió ese olor a humedad, que había sentido ya una vez. Se
acordó, había sido en la biblioteca, era un muchacho rubio el que
tenía ese olor. “¡El mismo del identikit… el asesino!” pensó
la joven. Sintió que sus piernas se aflojaban, hizo un esfuerzo
enorme por no caerse y a la vez, no quiso voltear para ver quien
estaba detrás de ella. Fingió buscar algo en su mochila y se
dirigió a la salida. Reflejado en un vidrio pudo ver por el rabillo
del ojo que no era rubio, o al menos eso parecía, pero tenía el
mismo camperón negro y la bufanda roja. Al salir, Erica giró hacia
la izquierda, buscando el pasillo que pasaba entre aulas y
laboratorios y llamó al custodio.
-Tiene el pelo oscuro, o algo oscuro en la cabeza, campera
negra…bufanda roja… y jeans-le dijo la joven casi a los gritos-,
ya me vas a ver salir por la unión de los módulos.
-¡Te veo, tranquila!-. El custodio ya corría en dirección de la
joven-, tranquila, tranquila, veo si lo puedo ubicar en la
biblioteca, anda al buffet, con gente no va a hacer nada ¡Llamá al
teniente!
La joven se dirigió al bar, pero antes ingresó al baño de damas,
necesitaba mojarse la cara para calmarse, era un recurso que lo usaba
cuando estaba nerviosa. El policía ingresó a la biblioteca
mostrando su placa en el mostrador, comentó que necesitaba ver si
había alguien sospechoso en la sala de lectura, ya que en ese lugar
donde estaba la fila no estaba. El joven que atendía le dijo que no
había problemas que pase, que de todas maneras había cámaras en la
sala y le mostró el monitor y justamente se divisaban a dos personas
leyendo. Cuando ingresó el policía a la sala, Gustavo cortó los
cables de las cámaras que enfocaban esa parte, él sabía que esos
equipos tenían un ciclo por cámara, eso le daría tiempo para lo
que tenía pensado. En el momento en que las cámaras enfoquen y se
den cuenta que no funcionan, él ya no estaría. Gustavo apunta al
joven que leía y se le clava una flecha en la garganta y luego otra
en el ojo izquierdo. En ese instante se asoma Gutiérrez desde el
pasillo central de la sala y es frenado por un proyectil que le
perfora el cuello y lo impulsa hacia atrás. El policía desde el
piso intenta sacar su arma, es imposible, Gustavo mientras tanto ya
había colocado la segunda flecha en la ballesta, y dispara, el
proyectil le destroza el corazón. Rápidamente el asesino arranca
las flechas de los cuerpos, sin el menor cuidado salpicando libros y
estantes con sangre y restos de carne de los infortunados, y las
arroja dentro de una bolsa que tenía debajo de la campera. Al salir
de la sala les grita desesperado a los jóvenes del mostrador que el
policía los llama. En ese momento se genera un momento de confusión,
no habían pasado más de dos minutos, y Gustavo huye. Al salir del
pasillo en la unión de los módulos, junto a la escalera que está
al lado del baño de hombres, se detiene. Allí había dejado su
maletín en el cual arroja la bolsa con las flechas, la ballesta y se
dirige luego al módulo número tres, buscando la salida por el
estacionamiento.
Martes 10:30 a.m. Erica al salir del baño ve que hay movimientos en
la garita de seguridad que está justo frente al buffet. No lo dudó
y sale apresurada hacia la biblioteca, el teniente le había dicho
que no se moviera, pero eso con la joven era imposible. Ella no había
visto la salida del asesino, al llegar al pasillo que pasa entre
aulas y laboratorios alcanza a ver cerca de de la escalera unas gotas
de sangre. La joven se detiene y observa hacia arriba y luego el
camino que lleva al módulo tres. Se apresura e ingresa al mismo y
logra ver la puerta en movimiento al final del pasillo. Apura sus
pasos, y mientras intenta comunicarse con el teniente escucha un
ruido y se detiene.
-¡Hola! ¡Hola! ¿Erica qué pasó? Lo llamo a Gutiérrez y no
contesta-, se escucha la voz del oficial en el teléfono.
-Estoy en el módulo tres y no se lo que pasó, pero vi manchas de
sangre en el piso y me asusté-, dijo la joven algo afligida.
-Quedate en un lugar seguro, ¡Te dije que no te movieras! en diez
minutos estoy por ahí, la policía de la zona está avisada-.
Mientras cortaba la comunicación Bengoechea pensaba “la mierda que
esto viene mal, muy mal, ¡La puta madre!”.
Erica ya no escuchaba, estaba observando sigilosamente a través de
los vidrios de las puertas de las aulas, estas estaban vacías. La
joven estaba llegando al pasillo transversal al final del módulo y
aproximadamente a dos metros del cruce de pasillos suena su celular,
irrumpiendo el silencio del lugar, ella baja su mirada buscando su
bolsillo y ve una sombra en el piso. Cuando alza la mirada lo único
que atina es a llevarse las manos al cuello como cubriéndose del
frío. La flecha le atraviesa las manos y se clava en el cuello
ortopédico, el cuerpo es llevado hacia atrás por el impulso, al
tener las manos fijadas a su cuello, Erica intenta cubrirse como
puede con los brazos doblados pegados a su cuerpo, una flecha se le
clava en el pecho y la joven cae pesadamente, golpeando su cabeza
contra el piso. El asesino oye pasos y escapa hacia el
estacionamiento.
-¡Erica!- grita Bengoechea- ¡La puta que lo parió! ¡El
estacionamiento, la puta madre!- mientras se acerca a la joven el
oficial realiza un llamado- Al módulo tres una ambulancia ¡Rápido!
Martes 11:00 a.m. Una ambulancia lleva a la joven al hospital.
Bengoechea se encuentra en la biblioteca, se pone de cuclillas y se
agarra la cabeza con las manos, en un típico gesto de desazón. Por
su parte Gustavo, que se había escondido en la caja de una
camioneta que estaba en la parte de atrás de la Universidad, sabe
que la policía no lo vio, decide apresurarse y escapa en un auto
robado. Ahora que se encontraba a salvo, ingresa a un bar,
necesitaba tomar un café. Mientras tanto, la gente en la alta casa
de estudios no salía de su asombro.
Martes 11:30 a.m. La policía científica llega al lugar e inicia
los trabajos de peritaje, y los oficiales de justicia comienzan a
preguntar a los testigos. La ronda no fue muy larga y solo dos
personas no estaban seguras del color de cabello del asesino, las
demás coincidían en que era oscuro y estas estaban convencidas de
que el rostro del identikit era el que habían visto. Uno de los
jóvenes que atendía dijo haberlo visto un par de veces, había sido
el día viernes y el sábado pero nunca se llevó un libro, solo se
había dedicado a la lectura, de haber ocurrido tendría sus datos en
el sistema. En las imágenes captadas por las cámaras no se pudo
apreciar mucho. Uno de los lectores se para y se dirige hacia la
cámara cubriéndose el rostro, la imagen se interrumpe. “El
asesino conocía el lugar, lo había estudiado”, pensaba el
teniente. Antes de marcharse, les dice a los peritos que investiguen
el módulo tres y a los policías que revisen el estacionamiento y si
alguno de los obreros que se encuentran trabajando en la parte
trasera vio algo, muy en su interior el teniente sabe que eso va a
ser inútil. “No hay huellas”, pensaba Bengoechea, “solo un
identikit, el hijo de puta sabe lo que hace.”
Miércoles 11 de julio, 10:00 a.m. Erica se encuentra internada en
terapia intensiva. El chaleco antibala y el cuello ortopédico, no
permitieron que las flechas cumplieran su cometido. Lo que más
afectó a la joven fue el golpe en la cabeza, “sus manos están
intactas” fue el comentario de los médicos, había tenido la
suerte de que las flechas solo rozaron sus dedos. Afuera del hospital
se encontraba la prensa tratando de averiguar el estado de salud de
Erica. La noticia de la nevada había pasado a segundo plano, los
medios y su público estaban ávidos de sangre. La televisión y la
prensa amarilla, empezaron a comparar el hecho sangriento con las
matanzas ocurridas en Estados Unidos y comentaban que había sido
protagonizado por un estudiante celoso y resentido con un grupo de
estudiantes. Nada más alejado de la realidad, el fiscal Molina y el
teniente lo sabían. Ambos se encontraban mirando a los periodistas a
través de la ventana, el policía cruzado de brazos, el oficial de
justicia con las manos en los bolsillos de su pantalón.
-Estos con tal de vender, inventan cualquier excusa-, dijo el oficial
ofuscado.
-No te hagas problema vasco, déjalos que hablen, por lo menos no lo
vinculan con los otros asesinatos-, lo calmó el fiscal- encárgate
que no se filtre, yo a los míos ya los advertí.
-Si, si, también hablé con los médicos para que informen que la
piba está así por “los fierros” je-, respondió el policía-
solo espero que se recupere, poder hablar con ella y que me de su
versión de los hechos.
-Si, es importante también hacerle creer a ese hijo de puta, que aún
cuando se reestablezca Erica, ella sigue grave-.Aseguró Molina.
El teniente se quedó pensativo, su mente escudriñaba como habían
sido las muertes hasta el momento. “¿Por qué la sigue a Erica? No
me cuadra… no me cierra tampoco las otras muertes, puede ser para
no dejar testigos, en todas estaba solo con las víctimas y eran con
quienes había hablado… ¿Pero el guardia? eso podría ser
venganza, se dio cuenta que fue él el que lo batió. Lo de la
biblioteca sería un acto que se le fue de las manos… tanta gente,
exponerse así, se cuida que no lo filmen las cámaras pero afuera
hay testigos. El sentirse acorralado tal vez provoque que no razone
perfectamente, no se… es muy loco todo esto”. Cuando el teniente
terminó su pensamiento un brillo especial apareció en sus ojos,
Molina se lo advirtió, mientras lo señalaba con el dedo.
-¿En qué pensas vasco? te conozco, y esa mirada es por que se te
ocurrió algo ¿O me equivoco?- dijo el fiscal mientras le ponía la
mano sobre el hombro.
-Vas a decir que estoy loco, pero es eso lo…lo que me sorprendió,
si esa es la palabra.
Molina lo observaba con cara de no entender nada.
-Si, no me mires así. Mira te lo digo por que sos vos ¿Sabes en que
pienso? pienso en el loco Tomas y en el hijo que dejó. Alicia, la
madre de Erica, fue la que le dio muerte. Él bien podría haberse
enterado hijo de quien era y por eso, vengar a su padre, hoy tendría
veintitrés…veinticuatro años más o menos, en vez de la madre va
por la hija. Tengo entendido que la locura no es hereditaria, puedo
estar equivocado, pero esto se parece mucho-. El teniente miro a los
ojos del fiscal-¿Qué pensas boga? ¿Podría ser no?
Molina lo miraba y entrecerraba los ojos, y mientras giraba la cabeza
de manera negativa en sus labios aparecía una sonrisa.
-¡Sos un loco hijo de puta! dale para adelante, en verdad es muy
loco pero te banco-, comentó el fiscal, y mientras alzaba su dedo
índice agregó-Voy a pedir dos custodios para la madre, acá ya lo
tenemos cubierto.
-Si, está bien, habría que mandar a investigar en las armerías
quien compró una ballesta, no es una clase de arma que se venda
todos los días. También en algún club de tiro, no hay demasiados
polígonos por la zona, esto no puede ser complicado-. Bengoechea
buscó un número telefónico en su celular,-tengo un amigo fotógrafo
que practica tiro al blanco, quizás pueda ayudarnos-. El oficial ya
se dirigía a la salida del nosocomio.
Jueves 12 de julio, 9:00 a.m. A Bengoechea le informan de los
resultados de las pericias. El laboratorio analizó unos cabellos
encontrados cerca del cuerpo de Paula y en la alfombra de su
habitación; se los comparó con otros encontrados en el asiento
trasero del remise, en el cual se asesinó al chofer. Entre estos
había algunos que tenían idéntico ADN a los hallados en primer
término, “o sea que estuviste en los dos lugares ¡Hijo de puta!
más los fiambres de la biblioteca, Roberto…solo faltan los
asesinatos de Pedro, el primer guardia, y de Sergio, pero todo me
indica que fuiste vos ¡te voy a meter en cana!” pensó el policía.
Acto seguido realiza un llamado a los sabuesos de criminalística.
-Che polaco ¿te fijas si los datos que encontró laboratorio
concuerdan con algún caso anterior?-, pidió el policía.
-Hola, te me adelantaste vasco, pensaba llamarte, concuerda el ADN
con el encontrado en los asesinatos de las tres cogotudas ¿te
acordás?-, preguntó el oficial Albornoz, tal era su apellido, y sin
esperar respuesta prosiguió,- la cagada es que no tenemos de quien
es, nos falta un portador, un culpable ¿Fue hace dos años no?- esta
vez esperó la respuesta.
-Si, si… ¡Qué mierda! el guacho esperó todo este tiempo… ¡Y
se cargó a siete el mal parido! si no lo paramos la próxima tanda
llega a la docena-, se quejaba el teniente-. Gracias polaco, te debo
una.
Martes 17 de julio, 11:00 a.m. Pasó una semana del último suceso,
al fiscal Molina tuvieron que intervenirlo quirúrgicamente de
urgencia por una apendicitis, pero pidió al teniente Bengoechea que
lo tuviera al tanto. Este por su parte pospuso una operación de
vesícula que tenía programada, el caso lo obsesionaba. Su amigo
fotógrafo le comentó que conocía dos fanáticos de las ballestas,
después le alcanzaría sus datos, creía que tenía fotos de ellos.
Del hospital lo llamaron y le comunicaron que Erica salió de terapia
intensiva, pero su estado seguía siendo delicado. El oficial se
recostó en su asiento y suspiró.
- Esto va a llevar tiempo- se dijo, mientras empezaba a ver el
expediente del caso de las tres mujeres asesinadas. Ya había pedido
a su superior que lo dejara ir unos días a la provincia de Entre
Ríos, eso sería la semana próxima.
Lunes 23 de julio, 10:00 a.m. Bengoechea llega a la ciudad de Paraná,
capital de Entre Ríos. Se encuentra con su amigo Carlos Beltrame,
Teniente de criminalística dependiente del juzgado de dicha ciudad.
-Te busqué los datos que me pediste por mail de esa tal Villalba.
Cosa interesante, las tres mujeres nacieron acá en la capital y
todas algún tiempo vivieron en Buenos Aires y luego volvieron, bah
la menor no. La gurisa vivió hasta los diez años con su abuela en
General Ramírez hasta que falleció la anciana y se fue a vivir con
su madre, la casa la quedó cuidando un primo suyo, soltero.-Comentó
el policía entrerriano.
-Ajá, y después de fallecida la piba allá en San Miguel, la madre
se vino con su nieto a la casa materna y…
-Si, pero eso hasta unos cuatro años atras- interrumpió el policía
local- que se incendió la casa, se encontraron los tres cuerpos
calcinados y terminó la historia.
Bengoechea lo miraba atónito, no podía creer lo que estaba
escuchando, su corazonada se venía abajo como castillo de naipes.
-¿Tenés alguna foto del pibe, o algo parecido? No se si pudiste ver
la imagen que te mandé del asesino que estoy buscando- le preguntó
mientras lo miraba incrédulo.
-Te encontré una foto de cuando el gurí iba a la escuela, a séptimo
grado. De la secundaria no te pude, solo me dijeron algunos que él
era reacio a las fotos, esa actitud los desconcertaba. Dentro de todo
era una familia bastante común sin nada raro.- Le respondió
Beltrame, entregándole la foto y cerrando una carpeta.
El policía bonaerense miraba la foto y le asombró la pálida
delgadez del niño y aparentaba menos de doce años.
Miércoles 25 de julio, 03:00 p. m. En Ramírez recordaban al joven
Gustavo Villalba como una persona inteligente, pero sin amigos, solo
tenía compañeros de estudio. Había sido un adolescente de aspecto
desgarbado, pelo lacio largo y rubio. Muchos dudaban si el muchacho
del identikit era Gustavo, todos recordaban su extrema delgadez,
además para ellos él joven había muerto en el incendio, aunque un
par de compañeras veían en los ojos de la imagen, la mirada del
ahora difunto. Muchos se sorprendieron por qué preguntaba por el
finado y varios contaron que casualmente, luego del incendio, circuló
la versión de que los cuerpos encontrados eran de contextura normal
a robusta, y que no había uno que fuera delgado como Gustavo, pero
como sucede siempre, el tiempo hizo que pronto se olvidara aquella
historia. El Teniente se interesó por el comentario y se lo
preguntó a las chicas que veían el parecido en la mirada:
-¿Ustedes que recuerdan de la historia de los cuerpos encontrados
después del incendio?
-¡Si! hubo una especie de leyenda con eso- dijo la más alta de las
jóvenes- yo en su momento lo creí, me acuerdo que discutía con su
abuela y el tío. Eso si ¡Siempre dentro de la casa! Afuera era un
señorito, por eso pensaba que los había matado y se mandó a mudar.
-¡Si! ¿Te acordás también como se escapaba del cole y nadie lo
veía?- se sumó la otra joven de nombre Cintia- Y porái ¿Quién le
dice Don? ¡Era un gurí raro!
Bengoechea se enteró además que solía jugar al ajedrez con un
viejo en la plaza, frente a la terminal de ómnibus, pero el anciano
había muerto el año pasado.
-¡Pobre el abuelito! Había jugado una partida con un viajero que
tomo el micro pa’ Buenos Aires, le dio un ataque, eso que era
sanito y se quedo durito ahí nomás, al lado de donde jugaban los
gurises-comentó Cintia moviendo la cabeza y con gesto triste.
El Teniente comenzó a sentir que las sienes le latían y pensaba,
“son pequeñas sutilezas que no me cierran por ningún lado,
demasiadas muertes dudosas”.
Jueves 26 de julio, 11:00 a. m. El día había amanecido frío, y los
últimos pastos escarchados se comienzan a marcar con las pisadas de
la gente. Bengoechea se había dormido tarde, no pudo averiguar nada
más sobre Gustavo Villalba. A éste literalmente, se lo había
tragado la tierra, o sinceramente, “ya estaría bajo tierra”,
pensaba el policía. El teniente sentía que esta vez el destino le
había jugado una mala pasada. Su siempre acertada intuición esta
vez, no rindió lo esperado. Muy a su pesar emprendió el retorno a
Buenos Aires. Comenzaba a nublarse espesamente, amenazaba una
tormenta. Mientras tanto del micro que había llegado a la Terminal
de ómnibus de Ramírez, descendía un grupo de gente bulliciosa, muy
atrás un joven silencioso, se acomodaba su bufanda roja.
Copyright: Luis
M. Morales 2011/2012