sábado, 7 de octubre de 2017

BUSCANDO

Hoy puedes sentirte triste
y con el cuerpo agobiado,
tu mente trabaja a contramano
pensando el cómo,
sin encontrar el donde
sin saber el por qué.

Simplemente lo haces
y no te importa el que dirán, 
como tampoco los aplausos
y solo buscas la paz,
tan anhelada por muchos
y alcanzada por pocos.

Y la encuentras.
El precio...
seguro que a nadie le importa.
                                    L. M

MOMENTOS

Si te pido un momento
es tan solo para mirarte,
si te pido un momento 
en donde no exista el tiempo,
es para que lo eterno del instante
se vuelva palpable.

Si te pido un momento
es para que el silencio hable,
en donde las palabras sobren
y las caricias ganen,
lo intenso como premio
lo débil en descarte.

Si te pido un momento
es para poder nombrarte,
gritando susurros
gimiendo lo indeseable
en el cual pueda amarte
más allá del momento...
del cual formamos parte.

                                  L. M

LOS INQUILINOS

En el bar “lo de Pepe” nos reuníamos luego de nuestras labores y antes del partido. Nos sentábamos en la mesa que daba a la calle Alvear, pues desde su ventana podíamos observar la parada del colectivo 240, que a esa hora, 19:30hs, era un mundo de gente. La estación de tren estaba a una cuadra, por eso el continuo transitar humano. Carlos, 25 años, carpintero, le gustaba remarcar algún personaje extraño que hiciera su aparición en la mencionada parada. Beto, el mecánico, no aparentaba 22 años, los golpes de la vida marcaron su carácter, siempre aportando una reflexión sacada de quien sabe donde, que generaba un breve silencio en la charla. Lauti, primo de Carlos, con sus 18 años era la picardía en persona. Por último estaba Federico, el Contador de los dos primeros, también de 25 años, el turista del grupo. Ah, perdón, yo soy Emilio, metalúrgico. El que empezó con el tema de la semana en el barrio fue Carlos:
- ¿Vieron que tenemos familia nueva en la cuadra? Dicen que sólo vinieron por un mes.
- A mi, la tía Carola, me dijo que se quedaban cuarenta días, pero que tuvieron que pagar por tres meses -. Agregó Lauti.
- El tipo es médico- aportó Beto- la esposa es la secretaria o algo así y tienen dos hijos, eso me lo dijo una clienta, doña Laura la farmacéutica.
- ¿La vieja ya arregló para que le mande clientes? Jaja - fue la ocurrencia de Lauti. Todos estallamos en carcajadas.
- ¿No es raro que por tan poco tiempo ponga la chapa en la pared? Se preguntaba el carpintero.
- Ya van dos semanas...o sea que le quedan treinta días maomeno - comentó el adolescente.
-Yo a ese doctor lo conozco de otro lado, estoy seguro – Fue el comentario de Federico- El otro día lo vi en el “chino” y me llamó la atención el anillo y pulsera que llevaba en la mano derecha, demasiado ostentoso para la zona, y eso yo lo vi en otro lugar, muy diferente al barrio – agregó el Contador entrecerrando los ojos.
-¿Y dónde lo viste?- interrogó Lauti
- En un barrio cerrado de la puta madre en Escobar, pero ahí no era médico y tenía barba, decían los amigos que fui a visitar que era importador, y se la pasaba viajando mucho al Caribe y a la China. Hacía como cinco años que vivían en ese barrio, y esto fue hace dos meses, por eso me acuerdo de ese detalle y de la camioneta.
-¿Y qué vinieron a hacer al barrio? -Acotó el mecánico - Y ahora que lo decís, la camioneta que tiene, parece de las blindadas, me di cuenta por los vidrios.
- ¡Y te agrego más! Exclamó Federico – hace un mes lo vi como está ahora en Colonia, estábamos con mi señora almorzando en el hotel donde parábamos y el se bajó de la camioneta para comprar cigarrillos en el quiosco de al lado del hotel, yo estaba cerca de la ventana, como ahora - mientras señalaba su posición en la mesa.
Las especulaciones en el grupo no se hicieron esperar, desde narcotraficante a espía, pasando por impostor y tratante de blancas, comerciante exitoso venido a menos. Nos íbamos por las ramas.
-¿No será el hijo el doctor?- sentenció Beto- no va' ser la primera vez que doña Laura le pifia, acuérdense del pobre Julián, que lo mató diciendo que lo atropelló el tren y el flaco estaba de vacaciones... a veces es bueno cerrar la boca a tiempo.
Todos nos miramos y no supimos si lo decía por la farmacéutica, o por el grupo. El silencio marcó el fin de la reunión. Tomamos los bolsos y mochilas... el partido nos esperaba.


                                                                                                                                          COCU

INESPERADO

Lunes 6 de junio, mañana fría en este hemisferio sur, donde las personas caminan apuradas para llegar a ese destino abrigador. Manuel es un hombre de cuarenta y tantos años, según le gusta decir a él, trabaja de sereno en una pequeña empresa metalúrgica, y era uno más en ese enjambre de veloces seres humanos, que se agolpaba en el anden del subterráneo. De repente y sin querer, el menudo sereno fue testigo de un hecho sorprendente. Una extraña figura cruzó raudamente por delante de la formación, y se perdió en la oscuridad del túnel. Él se encontraba parado casi a la altura de la cabina del conductor, se apresuró para ver el rostro del motorman , pero el empleado de subterráneo no se dio por enterado de eso que había visto Manuel. Este buscó una mirada cómplice en el anden, entre los pasajeros...nadie lo miró. Todos subieron a los vagones menos él. Una vez que el transporte se marchó decidió bajar a las vías y tomó la misma dirección que la insólita criatura. A los cincuenta o sesenta metros aproximadamente descubrió una puerta, algo oxidada, que se encontraba abollada. Probó girar el picaporte, la puerta estaba trabada pero cedió a la presión del hombre y se abrió. Manuel no era hombre de asustarse fácilmente, hace unos años había suplantado por quince días a un primo suyo, como sereno del cementerio y solía recorrer el mismo con admirable tranquilidad. Unos raros y oscuros pasillos se abrían camino delante suyo y se decidió por uno de ellos. Buscó dentro de su mochila la linterna que solía utilizar en su trabajo y la encendió, iluminando el lugar. Eligió el pasillo de la derecha, caminó unos quince metros y se encontró con una habitación circular, de paredes desgastadas por el tiempo. El revoque caído permitía ver unos viejos y enormes ladrillos. Unas cajas de madera que parecían baúles cubrían el piso y llenaban el espacio, todo acompañado de un fuerte olor a humedad que invadió sus pulmones. Inesperadamente apareció la inquietante figura sobre uno de los cajones. Su ropa, o algo parecido a una tela, se encontraba desgarrada y sucia. Iluminó su rostro, y unos ojos ovalados se entrecerraron. La piel era muy similar a la humana, con unas raras y profundas arrugas. El misterioso ser esbozó una sonrisa que dejó entrever unos pequeños dientes blancos. Su cabeza rapada brillaba a la luz de la linterna y, de sus redondas y diminutas orejas, pendía un par de aros dorados con forma de rombo y unas piedrecillas incrustadas. El singular personaje hizo un ademán con las manos cubriendo sus ojos.
-Hola ¿podrías apuntar para otro lado por favor, que me molesta esa luz?-dijo el extraño con voz firme.
Manuel dio un pequeño salto hacia atrás, sorprendido por el inesperado comentario, lanzando una maldición por la situación.
-¡A la mierda, hablás!
- Y claro, ¿cómo quieres que me comunique con las personas?
Manuel, no salía de su asombro por el increíble suceso que se estaba generando. Con el salto, el sereno había girado su mano derecha apartando la luz del rostro desconocido, apuntando hacia abajo e iluminando tras uno de los baúles unas frazadas que se encontraban esparcidas en el piso, junto a un montón de diarios y restos de comida. Pasaron unos segundos y comentó:
- ¿Quién sos? ¿Qué querés de mi? ¿Qué querés?
-...
-¿Quién sos?
- Soy Pedro, tu reemplazo- gritó un hombre zamarreando a Manuel- ¡Soy Pedro! ¡despertáte! ¿No te acordás? ¿Qué te fumaste?
- Nada, nada. Me dormí ¿Qué hora es?
- Son las seis y media.
-¡Uh! ¿No pasó nadie no?- preguntó el dormido sereno, haciendo entender que ese “nadie” era la patronal.
-No, quedate tranqui que no pasa nada. Hoy tienen reunión en la “capi”. Me asustaste loco, pensé que te había pasado algo, porque estabas recostado hacia atrás, como muerto¿viste?.
-Casi, jaja, tuve un sueño raro, una pesadilla, pero era real, de en serio bolu.
El sereno saliente se refregó la cara y los ojos, saludó a su compañero y se apresuró a marcharse. Pasó por el vestuario, agarró su mochila, se puso la campera y partió velozmente.
Manuel era uno más en ese enjambre de veloces seres humanos, que se agolpaba en el anden del subterráneo. De repente y sin querer, el menudo sereno fue testigo de un hecho sorprendente...
                                                                                                                                        COCU.