Lunes 6 de junio, mañana
fría en este hemisferio sur, donde las personas caminan apuradas
para llegar a ese destino abrigador. Manuel es un hombre de cuarenta
y tantos años, según le gusta decir a él, trabaja de sereno en una
pequeña empresa metalúrgica, y era uno más en ese enjambre de
veloces seres humanos, que se agolpaba en el anden del subterráneo.
De repente y sin querer, el menudo sereno fue testigo de un hecho
sorprendente. Una extraña figura cruzó raudamente por delante de la
formación, y se perdió en la oscuridad del túnel. Él se
encontraba parado casi a la altura de la cabina del conductor, se
apresuró para ver el rostro del motorman , pero el empleado de
subterráneo no se dio por enterado de eso que había visto Manuel.
Este buscó una mirada cómplice en el anden, entre los
pasajeros...nadie lo miró. Todos subieron a los vagones menos él.
Una vez que el transporte se marchó decidió bajar a las vías y
tomó la misma dirección que la insólita criatura. A los cincuenta
o sesenta metros aproximadamente descubrió una puerta, algo oxidada,
que se encontraba abollada. Probó girar el picaporte, la puerta
estaba trabada pero cedió a la presión del hombre y se abrió.
Manuel no era hombre de asustarse fácilmente, hace unos años había
suplantado por quince días a un primo suyo, como sereno del
cementerio y solía recorrer el mismo con admirable tranquilidad.
Unos raros y oscuros pasillos se abrían camino delante suyo y se
decidió por uno de ellos. Buscó dentro de su mochila la linterna
que solía utilizar en su trabajo y la encendió, iluminando el
lugar. Eligió el pasillo de la derecha, caminó unos quince metros y
se encontró con una habitación circular, de paredes desgastadas por
el tiempo. El revoque caído permitía ver unos viejos y enormes
ladrillos. Unas cajas de madera que parecían baúles cubrían el
piso y llenaban el espacio, todo acompañado de un fuerte olor a
humedad que invadió sus pulmones. Inesperadamente apareció la
inquietante figura sobre uno de los cajones. Su ropa, o algo parecido
a una tela, se encontraba desgarrada y sucia. Iluminó su rostro, y
unos ojos ovalados se entrecerraron. La piel era muy similar a la
humana, con unas raras y profundas arrugas. El misterioso ser esbozó
una sonrisa que dejó entrever unos pequeños dientes blancos. Su
cabeza rapada brillaba a la luz de la linterna y, de sus redondas y
diminutas orejas, pendía un par de aros dorados con forma de rombo y
unas piedrecillas incrustadas. El singular personaje hizo un ademán
con las manos cubriendo sus ojos.
-Hola ¿podrías apuntar para
otro lado por favor, que me molesta esa luz?-dijo el extraño con voz
firme.
Manuel dio un pequeño salto
hacia atrás, sorprendido por el inesperado comentario, lanzando una
maldición por la situación.
-¡A la mierda, hablás!
- Y claro, ¿cómo quieres que me
comunique con las personas?
Manuel, no salía de su
asombro por el increíble suceso que se estaba generando. Con el
salto, el sereno había girado su mano derecha apartando la luz del
rostro desconocido, apuntando hacia abajo e iluminando tras uno de
los baúles unas frazadas que se encontraban esparcidas en el piso,
junto a un montón de diarios y restos de comida. Pasaron unos
segundos y comentó:
- ¿Quién sos? ¿Qué querés
de mi? ¿Qué querés?
-...
-¿Quién sos?
- Soy Pedro, tu reemplazo- gritó
un hombre zamarreando a Manuel- ¡Soy Pedro! ¡despertáte! ¿No te
acordás? ¿Qué te fumaste?
- Nada, nada. Me dormí ¿Qué
hora es?
- Son las seis y media.
-¡Uh! ¿No pasó nadie no?-
preguntó el dormido sereno, haciendo entender que ese “nadie”
era la patronal.
-No, quedate tranqui que no pasa
nada. Hoy tienen reunión en la “capi”. Me asustaste loco, pensé
que te había pasado algo, porque estabas recostado hacia atrás,
como muerto¿viste?.
-Casi, jaja, tuve un sueño raro,
una pesadilla, pero era real, de en serio bolu.
El sereno saliente se refregó la
cara y los ojos, saludó a su compañero y se apresuró a marcharse.
Pasó por el vestuario, agarró su mochila, se puso la campera y
partió velozmente.
Manuel era uno más en ese
enjambre de veloces seres humanos, que se agolpaba en el anden del
subterráneo. De repente y sin querer, el menudo sereno fue testigo
de un hecho sorprendente...
COCU.
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