sábado, 7 de octubre de 2017

LOS INQUILINOS

En el bar “lo de Pepe” nos reuníamos luego de nuestras labores y antes del partido. Nos sentábamos en la mesa que daba a la calle Alvear, pues desde su ventana podíamos observar la parada del colectivo 240, que a esa hora, 19:30hs, era un mundo de gente. La estación de tren estaba a una cuadra, por eso el continuo transitar humano. Carlos, 25 años, carpintero, le gustaba remarcar algún personaje extraño que hiciera su aparición en la mencionada parada. Beto, el mecánico, no aparentaba 22 años, los golpes de la vida marcaron su carácter, siempre aportando una reflexión sacada de quien sabe donde, que generaba un breve silencio en la charla. Lauti, primo de Carlos, con sus 18 años era la picardía en persona. Por último estaba Federico, el Contador de los dos primeros, también de 25 años, el turista del grupo. Ah, perdón, yo soy Emilio, metalúrgico. El que empezó con el tema de la semana en el barrio fue Carlos:
- ¿Vieron que tenemos familia nueva en la cuadra? Dicen que sólo vinieron por un mes.
- A mi, la tía Carola, me dijo que se quedaban cuarenta días, pero que tuvieron que pagar por tres meses -. Agregó Lauti.
- El tipo es médico- aportó Beto- la esposa es la secretaria o algo así y tienen dos hijos, eso me lo dijo una clienta, doña Laura la farmacéutica.
- ¿La vieja ya arregló para que le mande clientes? Jaja - fue la ocurrencia de Lauti. Todos estallamos en carcajadas.
- ¿No es raro que por tan poco tiempo ponga la chapa en la pared? Se preguntaba el carpintero.
- Ya van dos semanas...o sea que le quedan treinta días maomeno - comentó el adolescente.
-Yo a ese doctor lo conozco de otro lado, estoy seguro – Fue el comentario de Federico- El otro día lo vi en el “chino” y me llamó la atención el anillo y pulsera que llevaba en la mano derecha, demasiado ostentoso para la zona, y eso yo lo vi en otro lugar, muy diferente al barrio – agregó el Contador entrecerrando los ojos.
-¿Y dónde lo viste?- interrogó Lauti
- En un barrio cerrado de la puta madre en Escobar, pero ahí no era médico y tenía barba, decían los amigos que fui a visitar que era importador, y se la pasaba viajando mucho al Caribe y a la China. Hacía como cinco años que vivían en ese barrio, y esto fue hace dos meses, por eso me acuerdo de ese detalle y de la camioneta.
-¿Y qué vinieron a hacer al barrio? -Acotó el mecánico - Y ahora que lo decís, la camioneta que tiene, parece de las blindadas, me di cuenta por los vidrios.
- ¡Y te agrego más! Exclamó Federico – hace un mes lo vi como está ahora en Colonia, estábamos con mi señora almorzando en el hotel donde parábamos y el se bajó de la camioneta para comprar cigarrillos en el quiosco de al lado del hotel, yo estaba cerca de la ventana, como ahora - mientras señalaba su posición en la mesa.
Las especulaciones en el grupo no se hicieron esperar, desde narcotraficante a espía, pasando por impostor y tratante de blancas, comerciante exitoso venido a menos. Nos íbamos por las ramas.
-¿No será el hijo el doctor?- sentenció Beto- no va' ser la primera vez que doña Laura le pifia, acuérdense del pobre Julián, que lo mató diciendo que lo atropelló el tren y el flaco estaba de vacaciones... a veces es bueno cerrar la boca a tiempo.
Todos nos miramos y no supimos si lo decía por la farmacéutica, o por el grupo. El silencio marcó el fin de la reunión. Tomamos los bolsos y mochilas... el partido nos esperaba.


                                                                                                                                          COCU

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