En el bar “lo de Pepe” nos
reuníamos luego de nuestras labores y antes del partido. Nos
sentábamos en la mesa que daba a la calle Alvear, pues desde su
ventana podíamos observar la parada del colectivo 240, que a esa
hora, 19:30hs, era un mundo de gente. La estación de tren estaba a
una cuadra, por eso el continuo transitar humano. Carlos, 25 años,
carpintero, le gustaba remarcar algún personaje extraño que hiciera
su aparición en la mencionada parada. Beto, el mecánico, no
aparentaba 22 años, los golpes de la vida marcaron su carácter,
siempre aportando una reflexión sacada de quien sabe donde, que
generaba un breve silencio en la charla. Lauti, primo de Carlos, con
sus 18 años era la picardía en persona. Por último estaba
Federico, el Contador de los dos primeros, también de 25 años, el
turista del grupo. Ah, perdón, yo soy Emilio, metalúrgico. El que
empezó con el tema de la semana en el barrio fue Carlos:
- ¿Vieron que tenemos familia
nueva en la cuadra? Dicen que sólo vinieron por un mes.
- A mi, la tía Carola, me dijo
que se quedaban cuarenta días, pero que tuvieron que pagar por tres
meses -. Agregó Lauti.
- El tipo es médico- aportó
Beto- la esposa es la secretaria o algo así y tienen dos hijos, eso
me lo dijo una clienta, doña Laura la farmacéutica.
- ¿La vieja ya arregló para que
le mande clientes? Jaja - fue la ocurrencia de Lauti. Todos
estallamos en carcajadas.
- ¿No es raro que por tan poco
tiempo ponga la chapa en la pared? Se preguntaba el carpintero.
- Ya van dos semanas...o sea que
le quedan treinta días maomeno - comentó el adolescente.
-Yo a ese doctor lo conozco de
otro lado, estoy seguro – Fue el comentario de Federico- El otro
día lo vi en el “chino” y me llamó la atención el anillo y
pulsera que llevaba en la mano derecha, demasiado ostentoso para la
zona, y eso yo lo vi en otro lugar, muy diferente al barrio –
agregó el Contador entrecerrando los ojos.
-¿Y dónde lo viste?- interrogó
Lauti
- En un barrio cerrado de la puta
madre en Escobar, pero ahí no era médico y tenía barba, decían
los amigos que fui a visitar que era importador, y se la pasaba
viajando mucho al Caribe y a la China. Hacía como cinco años que
vivían en ese barrio, y esto fue hace dos meses, por eso me acuerdo
de ese detalle y de la camioneta.
-¿Y qué vinieron a hacer al
barrio? -Acotó el mecánico - Y ahora que lo decís, la camioneta
que tiene, parece de las blindadas, me di cuenta por los vidrios.
- ¡Y te agrego más! Exclamó
Federico – hace un mes lo vi como está ahora en Colonia, estábamos
con mi señora almorzando en el hotel donde parábamos y el se bajó
de la camioneta para comprar cigarrillos en el quiosco de al lado del
hotel, yo estaba cerca de la ventana, como ahora - mientras señalaba
su posición en la mesa.
Las especulaciones en el grupo no
se hicieron esperar, desde narcotraficante a espía, pasando por
impostor y tratante de blancas, comerciante exitoso venido a menos.
Nos íbamos por las ramas.
-¿No será el hijo el doctor?-
sentenció Beto- no va' ser la primera vez que doña Laura le pifia,
acuérdense del pobre Julián, que lo mató diciendo que lo atropelló
el tren y el flaco estaba de vacaciones... a veces es bueno cerrar la
boca a tiempo.
Todos nos miramos y no supimos si
lo decía por la farmacéutica, o por el grupo. El silencio marcó el
fin de la reunión. Tomamos los bolsos y mochilas... el partido nos
esperaba.
COCU