y con el cuerpo agobiado,
tu mente trabaja a contramano
pensando el cómo,
sin encontrar el donde
sin saber el por qué.
Simplemente lo haces
y no te importa el que dirán,
como tampoco los aplausos
y solo buscas la paz,
tan anhelada por muchos
y alcanzada por pocos.
Y la encuentras.
El precio...
seguro que a nadie le importa.
L. M
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