Instantes
Una vez,
dos brazas ardientes
y una lengua de
fuego,
reavivaron el deseo casi extinto.
Una vez,
dos yemas se quemaban
recorriendo perfiles voluptuosos,
una vez,
las miradas penetrantes
supieron de
sueños prohibidos.
Una vez,
navegué tus húmedos secretos
y jugué con las
estrellas,
una vez,
gemidos y sudor fueron el nexo
de nuestros universos
extasiados...
L. M.
De vez en cuando, es bueno recordar que tenemos
algo de animal, primitivo.
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