EXISTENCIA
El tiempo juega sus
cartas
y no escatima las
fichas,
pacientemente te
obliga
a doblar la
apuesta,
pero muy dentro tuyo
te sabes perdido.
Tu lo miras perplejo
inmutable y
arrogante,
sabedor de su poder
tu ansiedad y tu
desvelo
se reflejan en tu
cuerpo,
cada día y en
silencio.
Tiene la virtud
de controlar su
apariencia,
lo sientes lento,
sin fuerza y
a veces cual saeta
te atraviesa,
siempre es el mismo
entre la acción y
la pereza.
Sus dotes sanadoras
no logran evitar lo
inevitable,
nacio antes que todo
con la inmortalidad
a flor de piel,
testigo mudo en la
memoria
y por los siglos de
los siglos,
hacedor de mil
historias.
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